Rama Otalvaro Ortiz
Rama Otálvaro Ortiz
Esta rama que formaron nuestros padres, hoy cumple 60 años de haber brotado su última ramificación.
Un retoño que trae en sus aspectos físicos características de ambos y que para los creadores representó el culmen de una obra, guiada bajo el amor y los preceptos divinos en su función de procreadores.
Entonces en mi imaginario real, el árbol ya traía unas bases profundas. Fueron existencias, que le dieron vida no solo a nuestra rama sino, a otras vidas que fueron grandes y vigorosas y que produjeron otros retoños fortaleciendo asi el árbol.
Algunos miembros de esta rama, han podido conocer, gracias al excelente trabajo elaborado por Deisy Tatiana Otálvaro Mosquera, seres que hicieron posible el retoño de esta rama. Lo fueron: abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, retatarabuelos, pentabuelos. hexabuelos, heptabuelos, octabuelos...... En un trabajo elaborado con amor, a la vez remarcable y que merece toda nuestra admiración.
En un informe comprobado por Tatiana mediante partidas de bautismo, nos presenta a la abuela once que data del año 1622. Lo particular de ese estudio genealógico de Tatiana, es que si nos remontamos a mediados de los años 1500, esta abuela once llamada Andrea Vásquez Guadramiros, tuvo su bisabuela materna María de Salazar, hija del cura Fabian de Salazar y de la India Yamesi María.
Aquí me refiero a los 60 años del último retoño de una de las dos ramas construida por mi padre en compañía de sus dos esposas.
Rama a la que me refiero, fué elaborada de la mano de nuestra madre.
Es también significativo que este retoño represente el último de la parte de mi padre, como el niño de los 23 brotes que salió de ese doble tronco. Los 60 años que hoy se cumplen, son los años de haber dado a la vida al último hijo. Es el infante, el pimpollo de esta rama y de ese gran tronco del que fuese nuestro padre actor principal. El nené sin alcanzar a conocer su padre, ya que al momento de su partida, el crío solo tenia 12 meses y unos cuantos días, no caminaba aún, y la imagen de su padre era un cristo que veía. La razón es que durante el velorio de nuestro padre, que en la época se hacía en las casas, el pequeño se quedó con la imagen de un cristo de metal que dejaron durante nueve días para realizar las novenas.
A pesar de la ausencia de nuestro padre a tan temprana edad, convivió estrechamente con los hermanos que le superaban en edad, los que se convirtieron en sus protectores, colegas, guias, camaradas, compimches, formando un trío inseparable. No le conocí desacuerdo alguno con el resto de hermanos, lo que le llevó a tener siempre una excelente relación con el resto de retoños de la rama Otálvaro Ortiz. Con la ausencia de nuestro estricto padre, durante su desarrollo personal, pudo darle rienda suelta a sus deseos de aventura, que se mostraron desde la época primaria hasta hoy en sus 60 años. Escuelas aquí y allá, secundaria en apuros pero consciente siempre que podría ser el mejor. Una universidad inconclusa, ya que sus objetivos estaban puestos en la búsqueda de nuevos conocimientos a través de las experiencias a vivir.
Con esas aventuras llegaron las pasiones y allí se le ancla por un largo tiempo su vida, viviendo la mas hermosa experiencia de su vida: "Ser padre".
Una responsabilidad que lo tomó de sorpresa dada su juventud. Muchos fueron los momentos de reflexión frente a este nuevo compromiso. Muy a pesar de tanta meditación, cuatro retoños trae Juan Carlos de la mano de su compañera Silvia Villada, contribuyendo a la frondosidad de la rama familiar.
Una felicidad que le otorga la pareja a nuestra madre, al compartir sus retoños. Para de esa manera concederle a ella, momentos mágicos.
Es claro que cada hijo es diferente por el contexto en que llega al mundo, sea económico, social o familiar. Y en este último escenario, la familia contribuyó sobre Juan Carlos en su desarrollo como persona. De modo que nunca pudo estar solo ya que sus pasos eran importantes para todo el grupo familiar. Contando ya con la experiencia que poseía nuestra madre despues de haber aleccionado 10 hijos, en un efecto que repercutió con madurez en la crianza de su pibe. Las expectativas que ella había colocado sobre el primer hijo, dejaron de serlo para consagrar en su último hijo; resignación, calma, tranquilidad, aguante, tolerancia, perseverancia, y serenidad, recibiendo así este último retoño, ejemplo de sosiego que le ha servido en los vaivenes que le ha presentado el camino durante estos 60 años.
No hubo cumpleaños en su existencia que no se le hubiese celebrado. Por sencillo el entorno, hubo quien le cantara y le deseara muchos cumpleaños más. Esos buenos deseos se reflejan hoy en la cantidad de 60. ! Todo un privilegio !
Toda la rama Otálvaro Ortiz debe estar llena de gozo porque tenemos nuestro último retoño desde hace exactamente 60 años, todos gozamos de una buena salud. Todos estamos plenos para poder decirle a Juan Carlos: "Feliz cumpleaños hermano". Que el universo nos otorgue mucha mas vida para poder continuar celebrando en armonía tantos cumpleaños de los retoños de esta rama y sus retoñitos.
Y que siga conservando ese aspecto juvenil y esas ganas de comerse el mundo entero.
"FELIZ CUMPLEAÑOS JUAN CARLOS OTALVARO ORTIZ"


















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