Gratitud

 

Gratitud 



Como no agradecer a este hospital Claude Bernal ante la acogida durante dos días de cuidado que han tenido conmigo. 


Mi hospital preferido me recibe en una habitación de la cual salgo de inmediato a una sala con una vista sobre la parte est de la ciudad de Paris. 

 

Desde allí donde pasé la mayor parte de mi tiempo a la lectura que me proporcionó el "pequeño rincón de lectura", pude disfrutar del paso diario del sol, de la luna y de los colores de atardeceres vibrantes reflejados en diferentes edificios que el sol proporcionaba sobre ellos.


Como no agradecer las consideraciones de un personal presto a mi satisfacción plena, para que mi coloscopia fuera un éxito. Desde la gentil dama que me recibió hace dos días, ofreciéndome mi agradable habitación y remarcándome que me la proporcionaba con este magnífico cuadro de la ciudad, pasando por quienes me preparaban el lecho, luego las tiernas enfermeras que solo tenían en sus labios palabras de afecto, un doctor que pasa por verificar mi estado y proporcionarme palabras de seguridad antes de pasar al quirófano y por último, las personas que me portan desde el piso 13 hasta el sotano, donde se encuentra la sala de cirugía. 


Mientras deboraba un libro de bolsillo que me encontré en el rincón literario y que fuese cómplice de mis idas a la cama a altas horas de la noche, debido a su trama, recordaba a mi madre.


Ese recuerdo se me hizo presente cuando ella se sentaba por largas horas a mirar  lo que ocurría en la Avenida Bolivariana y el parque de enfrente del edificio donde habitaba en ese entonces. Recuerdo que me llega, cuando me siento en un ángulo de la pequeña sala contigua a mi habitación y que me permite observar el bulevar periférico norte sobre una de las 34 puertas de salida de la ciudad, la puerta de St. Ouen con su continuo movimiento vehicular, así como a mis pies el pequeño parque. 


Y es que menciono el pequeño parque, porque este hace parte de los 500 espacios verdes que tiene la ciudad de París.  Sitios tan bien tenidos que hacen del agrado total de sus gentes y del placer de los niños. 




Como no agradecer del privilegio de haber recreado mi vista frente a la dama de hierro, ese ícono al que tantas referencias de símbolos le han creado: que significa un símbolo de fe y esperanza ante los eventos imposibles; que la hizo Gustavo Eiffel en forma de A porque estaba enamorado de una chica cuyo nombre empezaba por A; que se salvó de destrucción debido a su función como antena gigante., etc, etc.



Disfrutar las pausas de mi lectura con las chimeneas sobre los techos de algunas construcciones me ayudaban a meterme en la trama del libro. Imaginaba durante esas pausas del disfrute de los gatos saltando entre una y otra salida de las chimeneas.



Como no agradecer el privilegio de disfrutar de todo un paisaje urbanístico a mis pies. La Defense, y su corte geométrico me dan la impresión de estar al frente de otra ciudad como Singapur, Kuala Lumpur, New-York o Dubay.  Esa mole de cemento que se construye por iniciativa de François Miterrand durante su primer mandato para mostrar al mundo que Paris podía construir también una ciudad moderna dentro de la misma región parisina. Terminada su obra en el año 1989 comemoraba el bicentenario de la Revolución Francesa y de otro lado la Torre Eiffel termina su obra en el año 1889 comemorando el centenario de la misma Revolución la que dejó entre otros elementos el lema nacional: libertad, igualdad y fraternidad.


Al despedirme de mi compañero de cuarto, un hombre de mi época que estaba allí por un cáncer en el estómago y de origen algeriano, me cuenta que hoy es la fiesta del Eid al-Adha, la que es considerada entre los musulmanes una de las importantes festividades. Es la fiesta del cordero que simboliza valores como la obediencia, la solidaridad, el sacrificio y la renovación espiritual. Sus creyentes, hacen un plato típico a base de cordero que lo llaman meshwi y lo comparten entre amigos y vecinos. Comemorando el sacrificio que el profeta Abraham —Ibrahim en árabe— estuvo dispuesto a realizar. Según su relato, Abraham aceptó sacrificar a su hijo Ismael como prueba de fe, aunque finalmente Alá  intervino a través del arcángel Gabriel para sustituirlo por un cordero.

Me dice además mi vecino que el precio del cordero está demasiado caro. 













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