Casa Marrakech 09.10.22
Casablanca ª Marrakech
Octubre 9 de 2022
Salimos en la mañana de Casablanca primero, porque allí no había más que ver y segundo el tren tomaría tres horas y media para llegar a Marrakech. De modo que a las 10h35 el tren suena indicando que comienza nuestro viaje.
Estos trenes viejos a pesar de que nos encontrábamos en primera clase, no traen la identificación del número de vagón, por lo tanto en la plataforma no se sabe dónde ubicarse para un acomodo rápido ya que la cantidad de gente es considerable. Se ven acabados tal vez por el paso entre tantos pueblos que permanecen entre la arena y se han contagiado de la lluvia de los vendavales que a aquellos los han asechado.
En nuestro caso, hemos quedado con la compañía de una pareja de un señor francés de unos 78 años con su esposa una marrocana con la mitad de años que la de su esposo, un indú y una tailandesa.
Los paisajes ívan quedando atrás y en un momento la tailandesa se atrevió a balbucear unas palabras en español. Mod que se llama la chica entabló una conversación directa conmigo y entre su poco español, mi poco inglés y el francés del señor anciano Jean Michel nos identificamos todos conformando en este pequeño espacio una Torre de Babel, que nos regaló una viaje súper agradable. Agrego a modo de chisme que el indu ni nos dirijio la mirada, se durmio placidamente durante el viaje segun pruebas fotograficas.
Nuestro alojamiento estaba muy bien ubicado, solo a cinco minutos a pie de la hermosa y agradable estación en un barrio de muy buena categoria y coincidió que la pareja vivía a la vuelta, por lo tanto, ellos nos acompañaron.
Al llegar, el restaurante que se encuentra al lado del inmenso apartamento donde pasaríamos mucho tiempo, su director francés muy conocido de nuestro rercien amigo de viaje Jean Michel, sale a nuestro encuentro. Jean Michel le explica de nuestra procedencia y de inmediato empieza a hablar español como si nos conociera y nos trata de paisitas. Leo que es su nombre había inaugurado el hotel Santa Clara en Cartagena y dos hoteles más de cinco estrellas, uno en Bogotá y el otro en Ibagué. De inmediato nos identificó nuestro sitio de residencia, en el edificio contiguo.
Todo parecía que la suerte nos acompañara, en todo caso, mejor ésta vez. Así que decidimos almorzar en su restaurante que se veía de excelente calidad. Lo que efectivamente comprobamos al probar sus delicias.
Luego tomamos un bus como lo hace el pueblo para llegar a la plaza principal Jemaa el Fna, que es el epicentro de esta ciudad.
Un circo, eso es esto, para lo cual escogimos palco desde un tercer piso de un bar restaurante y esperar la caída del sol desde la terraza.
Allí nos encontramos con una chica boliviana, su esposo español y su hijo con los que establecimos contacto mientras tomamos un vaso.
Hablamos español en voz alta ya que nos encontrabamos en mesas contiguas. En otra mesa contigua conformando una especie de triángulo, se encuentra una pareja, el hombre muy concentrado estaba dibujando en la tecnica de acuarela, lo que percibia de la mesquita.
Cuando el artista terminó su obra me paré para pedirle una foto a su trabajo y sorpresa cuando me respondió en español. Así hicimos un pequeño grupo de conversación a tres mesas, cómo si la terraza fuera nuestra.
El sol se va acostando para otorgárnos un atardecer no tan hermoso como los vistos días atrás en las costas adriáticas.
Desde este palco se escuchan los tambores que evoca la música del desierto, el humo que sale de un tumulto, una multitud que cubre la inmensa plaza, unas sombrillas verdes, unos coches de caballos estacionados, unas luces de colores de lámparas a la venta acostadas en el suelo, figurines en cerámicas de colores azul y verde de mujeres en diferentes posiciones, domadores de monos, encantadores de serpientes, hermosas exposiciones de frutas, ventas de sus jugos, trovadores, cantantes, gorros, ventas de gaseosas, camellos en plástico, venta de toda tipo de suvenires.
Pero lo que más me llamó la atención ha sido la procesión con un camello de cabresto a la mano y detrás de el unos músicos. Averiguando el motivo de semejante procesión, es que hemos caido en el día en que se celebra el nacimiento del Profeta del Islam: Mahoma. Así que este camello antes de ser sacrificado le dan este paseo y su carne se repartirá entre los pobres.
Motos que pasan a gran velocidad a nuestro lado y parecen arrasarnos, coches manipulados por caballos para transportar personas, bicicletas, una feria, un carnaval, un momento que para ellos es la fiesta con sabor religioso.
Pero no solo por el motivo del día festivo se ve hoy sobre la gran plaza, todos los días se percibe el mismo ambiente. Tal vez sin el camello.
Entre los olores de incienso, sudor de animales y humanos, alimentos que se preparan en los restaurantes aledaños, la multitud se desplaza de una lado a otro en busca de un sentimiento carnavalezco. Un momento único que solo se vive entre el presente de una generacion actual y el pasado milenario de una medina que guarda la historia de generaciones ansiosas de poder.
Tomo de nuevo el transporte público para compartir la ruta con la gente que pertenece a un pueblo de contrastes.














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