Casablanca 08.10.22
Casa
Octubre 8 de 2022
No se le llama Casablanca a esta ciudad acá, se le conoce con el nombre de Casa. Mucho mejor, ya que de Blanca no tiene absolutamente nada. Y es que es bien difícil a una ciudad costera mantenerla blanca cuando la brisa del mar viene diariamente cargada con diminutas partículas de arena que se convierten en polvo agegradas con sal. Asunto que hace que se adhiera a las paredes las que con el tiempo van dando a ese blanco original un tono de dejamiento.
Sentado en un bar, mientras disfruto de un té a la menta y comprando una correa a un vendedor ambulante que pasa, miro esos edificios acabados, mal tenidos, los que me llevan a la Barranquilla de un pasado. Digo del pasado porque la actual, gracias a sus últimas buenas administraciones ha cambiado de manera agradable
El lugar principal que se recomienda es solamente la mezquita de Hasan II, que sobresale por su tamaño, su trabajo arquitectonico y su posición al borde de un mar abierto.
Por desafortuna una visita allí significa entrar en el circo y manipulación de un grupo de guias que poco es el aporte a lo que emiten comparado con lo que piden al final como propina, teniendo en cuenta el excesivo costo de la entrada a un sitio sagrado, 14 euros. Una guía en papel con una correcta explicación sería la suficiente.
Estuvimos en el ingreso del primer turno a las 9h00, una gran cantidad de buses con turistas del mundo entero vienen a visitarla,. Eso sí. Hay que reconocer, una obra arquitectónica extraordinaria.
La mesquita Hassan II es majestuosa, imponente, espectacular, grandiosa, venerable soberbia, admirable, espléndida y hasta podría decir: " faráonica" .
Su minarete se puede ver desde todos los puntos de Casablanca debido a que es el edificio más alto de la ciudad con sus 210 metros y a la vez la segunda mezquita más grande del mundo detrás de la de la Meca.
Es el símbolo de esta ciudad. Mejor dicho, ella saca la cara por ella ya que no tiene más que ofrecer de interesante.
Se encuentra como suspendida en el mar, así la veo de lejos, después de caminar por el borde del mar, es como si las olas arrullaran esa bebé de color beig.
Y es que algunos textos del Coran la asimilan con el Trono de Alá que se alza sobre las aguas. Algunos versos estan escritos en la decoración de sus muros, adornados con flores. Suficiente para que todo un pueblo se sienta orgulloso de ella, así como nosotros nos sentimos orgullosos de nuestras iglesias de nuestros pueblos de origen.
Es un símbolo que me parece tan importante como la belleza misma de su estructura.
Cuando llegamos entramos por un lado del gran átrio lo que me obligó a una larga caminada para ir a comprar los tiquetes de entrada. Entendí de la dimensión de su plataforma externa, cuando unos carritos transportan visitantes desde la entrada hasta una de las tantas puertas de la mezquita Hassan II.
Es que son nada más ni nada menos que 30.000 metros cuadrados, para que en su interior albergue, una biblioteca, una inmensa sala en parte baja para la oración de los hombres y en el piso de más arriba como en la especie de balcón la salsa de oración para las mujeres, una escuela coránica. Claro que su tamaño en el interior se destaca por las 78 columnas que sostienen ese hermoso techo de madera el cual se puede abrir en el verano para darle ventilación en el momento de la oración.
Ella puede albergar unos 20.000 fieles y la explanada por donde caminé en busca de los tiquetes puede recibir entre 80 y 85 mil visitantes.
Tres extensas naves se extienden sobre un piso de mármol en motivos geométricos de estrellas en mármol que brilla bajo un techo en madera tallada de una manera tan artística y geométrica, tan perfecta, que quisiera seguir caminado con la mirada al cielo raso.
Como se puede deducir, para levantar tal infraestructura, con todos sus complementos, hicieron falta muchas, manos. Fueron más de 2.500 obreros y más de 10.00 artesanos. marroquíes quienes se encargaron de darle forma a las diferentes secciones del lugar, a los ornamentos y a todos los detalles en granito, madera, mosaicos o mármol, entre otros.
Salimos a caminar en dirección hacia el faro bordeando el mar y al llegar allí, la decepción nos hizo buscar la medína pues creímos encontrar un lugar agradable. Sin dejar de reconocer que su construcción data del año 1920 y simboliza la importancia que tenía el puerto a principios del siglo XX.
Durante el recorrido entramos un poco a la zona urbana para encontrar edificios que dan ese sabor de abandono al extremo, ropas colgadas donde desde afuera se puede apreciar si ha quedado percudida, gatos de tan mal aspecto que me parecen de mejor presentación las ratas. Eso si, no les falta su antena con la cual pueden captar cientos de cadenas del mundo entero. Una sinfonía que nos obliga a continuar nuestra marcha por el borde del mar.
Un poco más lejos se erige el santuario del primer santo patrón de la ciudad "Sidi el Kairouani". Su tumba aún es un sitio de recogimiento para muchos marroquíes.
La visita a la medína tampoco nos atrajo en ninguno de los sitios al interior por lo cual salimos casi de inmediato en busca de un café para sentarnos y reflexionar sobre algún lugar del centro de la ciudad interesante a visitar.
Después de un buen momento decidimos almorzar en un restaurante recomendado pero nada del otro mundo.
Salimos a caminar y en la gran Plaza Mohamed V, el hermoso edifico que alberga la Prefectura de Policía de la ciudad. Parque inmenso lleno de palomas que hacen el deleite a los locales con sus granos de maíz en las manos, para brindarles a estas aves. Algunas de ellas reposan en los cables de la energía sin temor alguno.
Sin estar muy a gusto en la ciudad donde nos aplicaron una dosis de miedo a la llegada, decidímos tomar el tranvía pues ya había reparado bien la ubicación del alojamiento.























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