Marrakech 11.10.22
Marrakech
Octubre 11 de 2022
Que nos atrapó en Marrakech? Los atardeceres que evocan historias de viajes del Medio Oriente, que invitan al encuentro con ese ser desconocido que se llama: "yo", o las montadas en bus para observar la rutina de los pasajeros que rutinariamente toman este económico medio de transporte y que equivale casi al valor de nuestros buses urbanos en nuestro país, quizás la comodidad y económia de una gran apartamento en un barrio excelente, con sus dos baños, dos alcobas una gran sala, su comedor y un balcón interior en L. Creo más bien, ha sido el embrujo en la plaza Jemaa el Fna de esos encantadores de serpientes a los que hemos observado con detenimiento y extrañeza. Si creo que algún efecto maléfico o mejor benéfico, ya que la fatiga me hizo sucumbir en la primera siesta de este viaje.
Recuperado nos dimos a la tarea de visitar el hotel más hermoso de Marruecos; La Mamounia Palace.
La llegada un poco complicada fue ayudada por dos chicos trabajadores que al vernos perdidos nos llevan hasta el hotel.
La gente saluda y simplemente te dice :"Bienvenido". Las intenciones con esa bienvenida es diferente en cada persona. Unos con el deseo de brindar a los turistas una excelente estadía, otros en busca de mejorar la lengua que están aprendiendo, otros el gusto de intercambiar con un extranjero, otros curiosos saber de que país los visitamos u otros como estos chicos queriendo saber como pueden obtener los medios para llegar a Europa.
La seguridad es alta, ni siquiera entre la multitud que había en la plaza la noche anterior se sintió el mínimo temor, policías vestidos en civil pueden estar detrás.
El clima excepcional, no me ha exigido vestido de invierno alguno.
La Mamounia tiene una entrada de una fastuosidad oriental de embrujo. Pasada la puerta principal y con la debida autorización de los porteros, un hermoso patio con boutiques perfumadas a lado y lado de la entrada nos sorprenden para mirar hacia la derecha sobre un hermoso casino y sobre la izquierda unas palmeras. De frente otra hermosa entrada vigilada por dos caballeros vestidos como
los siervos de un sultán, reciben a los alojados. De inmediato a mano derecha una recepción con cuatro personas que hablan varios idiomas, detrás de unos módulos adornados con unas lámparas rojas en flor de un diseño exclusivo y muy acertado para un hotel de lujo.
Los tapetes cubren solo por partes, para no esconder la belleza de un mármol en diseños. Al fondo una gran entrada al jardín da a este amplio pasillo una hermosa profundidad que al formar un primer carrefour, los dos primeros zaguanes a lado y lado perpendiculares al pasillo de este, dan acceso a los ascensores para algunas habitaciones. En cada esquina de este primer carrefour una tienda super elegante presenta una colección de sus productos de venta.
Continuando sobre el pasillo de entrada, comienza un descenso hacia la entrada del jardin para encontrar un segundo carrefour de cuyos pasillos perpendiculares proviene una decoración del arte marroco, evocando los tallados en madera de aquellas mesquita o palacios visitados, plasmadas tanto en sus muros como en sus techos.
Dejando el carrefour y sobre la izquierda el bar y frente a él, un salón exclusivo sobre reserva para clientes que la piden, siempre con un botón que las recibe.
Por desfortuna las mesas del jardín estaban completas y nos acomodamos en el pasillo, no lejos de la puerta que da al jardín, para poder apreciar un exuberante desfile improvisado de modas, pues la mayoría de personas se habían colocado sus mejores atuendos para tomar el apero a excepción de nosotros, que en nuestro rodar, unos cómodos tenis nos acompañaban.
A la salida las luces enriquecieron aquella bella obra, le dieron una grandiosidad particular al interior del hall como a los jardines exteriores. Una noche aquí seguramente transporta al huésped a lugares mágicos.
Me queda como calificativo, que es una joya de esa arquitectura arabo-andaluz, extremadamente moderno, íntimo, deslumbrante, lujoso, vibrante y hasta mítico.
Afuera una luna completamente llena, iluminaba los senderos por el parque que da detrás de la mesquita, dejándose ésta acariciar de esa lámpara blanca, engalanando una larga piscina con su perfil. Los restos de lo que fuese destruido por las tribus de aquellos que los españoles llamaron moros - los almohades - reciben de nuevo esas luces blancas con la melancolía propia de quien ha sido derribado en siglos anteriores.












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