Rabat ª Casablanca
Octubre 7 de 2022
Impresionado por la belleza del centro de Rabat en la noche anterior, decidimos encaminarnos para en este pequeño espacio de tiempo, entre las 10h00 y las 17h00, explorar esa parte no visitada.
Desde la estación de trenes que habíamos visto la noche anterior, comenzamos a descender por la avenida Mohamed V, de inmediato y sobre la izquierda un hermoso edificio sin identificar y que me obliga a preguntarle al vigilante de turno, sobre de que se trataba el recinto. El me responde: El Parlamento.
Sobre el mismo andén y pasando la calle, otra hermosa exposición de una arquitectura agradable que no alcanzo a identificar su tendencia. Se trata del edificio de la Postal de Correos, con un hermoso y antiguo reloj.
Avanzamos en la búsqueda de otros lugares de interés y nos introdujimos en un parque ya de una categoría menos agradable que los vistos. No encontramos ni la misma belleza ni la misma tropa de trabajadores ocupandose del mantenimiento del mismo. Al desembocar al lado opuesto de la entrada de dicho parque, una gran estación de taxis colectivos, seguro con direccion a barrios lejanos del centro de la ciudad. Ya no más calles limpias, aquella impresión inicial que había tenido de Rabat no ha cambiado, pero si había comprendido que no era lo que había vivido, también podrían existir otras gentes con una cultura completamente distinta viviendo en Rabat. No todo lo que brilla es oro y hasta acá ese oro dejó de brillar.
Un local que vive en España nos había recomendado el día anterior el restaurante Dar Naji. Allí nos dirigimos para encontrar un restaurante de decoración auténticamente marrocana. La comida excelente y un buen servicio de
calidad. Un exquisito cuscus de una carne me ha sido un gran regalo. Claro está que sirven como a nuestros campesinos: morros. Sí. Es un morro que se acompaña con pan y un vaso de una especie de yogurt. Desde nuestra
mesa y a través de la ventana, se aprecian las murallas Almohades que rodean parcialmente la ciudad. Ellas fueron construidas en el siglo XII cuando los Almohades diseñaron la capital junto al río Bou Regreg, conservando cinco puertas.
Aproveché para tomarle una lejana foto al Teatro de Rabat, donde se destaca la innovación de su arquitectura.
La venida a la estación con anticipación para evitar contratiempos y al tomar el tren nos hemos ubicado en un vagón de primera clase, pero en la segunda estación nos obligan a cambiarnos a la segunda clase. La diferencia es notoria, con la fortuna que este espacio de tiempo solo duró unos 30 minutos.
La capital de Marruecos con unos 4.300.000 de habitantes nos espera para enfrentar otras vivencias completamente diferentes. Entre los olores salidos de las profundidades de una axila de algunos compañeros de viaje, que seguramente acababan de salir del trabajo, dentro de ese cajón rodante que lo llaman tren ya muy usado, logramos llegar a una estación que cambia toda la fisonomía de aquellas estaciones de tren del norte, tanto de Tanger como de Rabat.
La tomada del taxi hasta el alojamiento tuvo también un tinte un poco incómodo, por fortuna estoy acostumbrado en París a este tipo de agresiones entre los Árabes. Una discusión que casi llega a golpiza, entre el taxista que yo había elegido y otro que se encontraba al lado y que también me estaba ofreciendo sus servicios de transporte. Hasta que no se dijeron ferozmente lo que cada uno tenía que decirse, nuestro taxista no emprendió la ruta.
En el camino y como era viernes, los tacos eran normales, pero nuestro taxista y sin yo exagerar, solo le faltó montarse por encima de los vehículos que estaban adelante para poder avanzar. Lo logró.? Sí. Pero a precio de nuestra adrelina. Poco a poco nos hablaba con una gran sonrisa y en lengua italiana, ya que había vivido allí.
Dejándonos en la plaza Yassid me encuentro con que en la reserva no tenía el teléfono del dueño del apartamento y la dirección solo decía Plaza Yassid sin ningún número. Ya la oscuridad empieza y con ella un estres propio de una impotencia incontestable. Nuestro chófer en nada pudo ayudarnos pero cuando nos bajamos y después de haberle pagado al interior del taxi, él se bajó para prevenirme de no abrir el teléfono ya que la seguridad no era la mejor.
Para adivinar cuál seria nuestro alojamiento dentro de unos diez edificios alrededor de la plaza invoqué al la lógica cuando hube de haber reservado. Sería el mejor presentado el primero en abordar.
Por fortuna esta vez, el primer edificio al dirigirnos al portero que no hablaba sino arabe, ha logrado entenderme en francés. Era aquí donde un hermoso y amplio apartamento nos esperaba. En éste, pude descansar de las tensiones de un viaje oloroso, un temor a los ladrones y una sosobra al no tener asegurada la dormida.
Tengo que ser honesto con mis torpezas, ayer el anfitrión del apartamento me había escrito de cómo sería mi acceso, donde me dejaría las llaves del apartamento y del parking... no lo habia leido.
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