Tanger 05.10.22
Tanger
Octubre 5 de 2022
Ha sido solo una pasada por esta ciudad que se encuentra al borde del mar y que históricamente goza de una cantidad apreciable de momentos remarcables. La razón ?. Su posición sobre el mar Mediterráneo que hoy es aprovechado gracias a la construcción de un gran puerto.
Aterrizando de Madrid a eso de las 12h30, solo disponíamos de unas seis horas para comprender lo que es esta ciudad del norte de Marruecos.
Era necesario entonces buscar un museo que me pudiese contar la historia de la ciudad.
Las cosas incomodan un poco cuando se tiene que comprar algo porque, como turista piden el doble del valor real. Así que la tomada del taxi así empieza. Taxi porque del aeropuerto al museo no salen buses ni trenes.
El chófer nos deja en la entrada a una especie de ciudadela y cuando leí museo, sin vacilar compré los tiquetes.
Primer equívoco. El museo hacía homenaje a un tal Ibn Battouta que desde sus 21 años se dedicó a recorrer el mundo. Estamos hablando del año 1.325, que lo apreciable de este caballero fueron los medios utilizados, mulas, asnos, burros, caballos, barcos, etc.
Es de admirar todos los sitios a los cuales ha llegado este viajero, pero al final encuentro que la admiración radica en que fue como un misionero, convirtiendo pueblos enteros al islam, caso del las islas Maldivas.
Un mapa completo de su trayectoria se presenta de manera didáctica, de los lugares visitados.
A las 15h30 buscamos un restaurante para almorzar y lo único, ha sido un lugar donde nos ubicamos en un tercer piso que pareciese de una vieja casa. Tajines fue lo escogido con ese sabor condimentado de Marruecos.
Salimos en busca del museo que me contara la historia de Tanger, pero en el camino jamas imagine que era un punto innegociable para visitarla, hubiese querido disfrutar de los dos días previstos, pero imprevistos en mi planeacion me llevaron a solo estas horas.
En los callejones que me llevan al museo, se palpa una trayectoria historica no solo de Tanger sino del pais. El aroma de las especies que cubrieron mi almuerzo me acompañan para observar la arquitectura de casas palaciegas, de jardines que con sus flores engalan el color
fuerte u ocre de sus puertas y ventanas, entre parroquianos que vienen y van con sus compras o jóvenes jugando en las calles, simplemente viajé a través del tiempo en el tapete de Alí Baba.
Antes de llegar, una vista sobre el puerto me ha dejado corto en mi respiración. Muy lejos; El Estrecho de Gibraltar. Cómo no imaginar lo que pudo haber sido esta ciudad antes de Cristo y luego su influencia del islam. Los arcos sobre la ruta ofrecen una recorrido al pasado, sus puertas y tallados obligan a parar y observar, sus mosaicos no podran ser
mas árabes que ellos, su influencia en la parte sur española ahora desde el balcón que da al mar, se entiende perfectamente, su coqueteo turístico, así como la amabilidad de sus gentes invita a quedarse unos días, por siempre.
Antes de entrar escucho en un pequeño salón un señor tocando el laúd, entro de inmediato sin ser invitado y nos sentamos a escucharlo, pero cuando le pedimos un té a la menta, interrumpe, al momento aparece otro caballero con un violín y empieza a tocarlo, de inmediato otro que estaba
a mi lado toma un guimbre que es parecido a nuestro tambor pero mas pequeño y empieza a interpretar una canción y de inmediato el señor del violín acompaña con su gruesa voz, habibi, habibi, que es lo único que conozco en árabe: mi amor, mi amor, y entre los dos, la melodiosa, triste y romántica canción va desfilando, transportandome a noches de luna, en aquel pequeño zaguán decorado al estilo marrocano. ! Vivirlo para entenderlo !.
Tenía el museo al lado y el tiempo corría y no lo quería perderme la visita.
Ya adentro, solo la emoción y el placer de viajar a través del tiempo por medio de lo que el museo muestra. Además
de admirar la estructura del palacio su hermoso patio y su fuente, elementos que los encuentro en casi todos los palacios Árabes. Admiro su colección de cerámicas, la parte arqueológica y una bella exposición de pintura donde se ubicaba la antigua prisión.
A la salida tomamos en dirección a la Medina, lo que es la parte antigua y por entre callejones, las ventas de sus artesanías, telas, especies, algo asi como nuestros san andresitos, fuimos caminando, hasta salir por una de las puertas en arco. Allí confluia en los primeros siglos, la vida de los ciudadanos de Tanger.
Tomamos un taxi para ir a la estación de trenes y durante el camino se presenta una ciudad moderna, muy occidentalizada, pero mas ha sido la perplejidad al llegar a la estación de trenes, simplemente un lujo. De verdad que no esperaba tanto, pero tanto, de esta ciudad.
Nuestro tren toma una hora y veinte minutos de Tanger a Rabat, en una comodidad sin igual. Con su vagón cafetería, el anuncia las paradas en árabe y en francés.
Pero creo estar llegando a Holanda o a un país europeo. Creo que después de dos horas de haber arribado al alojamiento, no he cerrado la boca del asombro que traigo no solo de la estación de trenes de Rabat sino de esta ciudad que el Rey Mohamed VI la ha transformado desde 10 años atrás, tranvía, limpieza, jardines, avenidas generosas, gente agradable y amable.
Espero un mañana lleno de sorpresas en Rabat.


















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