Roving 18.09.22
Roving
septiembre 18
La llegada en bus procedente de Udine nos deja en el centro de un pueblo llamado Roving, aquí sus gentes son bilingues, hablan el croata como lengua materna y el italiano como lengua de padres y abuelos. Un pueblo como la mayoría de los la península, que fue conquistado y reconquistado a lo largo de su existencia. Perteneció a lo que fuese la República de Venecia quien le aporto un valor inmenso durante unos cinco siglos. Eso explica el porque los adultos en su mayoría hablan italiano. Luego vino el Imperio Austriaco, volvió a pertenecer ya a Italia, mas tarde en la Segunda Guerra Mundial a Yugoslavia y ahora a Croacia despues de su independencia en 1.991.
Deshubicados por completo ya que no teniamos acceso al wifi para poder encontrarnos en esta ciudad, un taxi nos lleva a recuperar el vehículo arrendado, pero la sorpresa fue grande cuando nos anuncian que la reserva había sido anulada, hecho que fue tomado con mucha tranquilidad y que nos sirvió para hacer un tour por el centro de la ciudad al final de la tarde después de habernos instalado en el lugar reservado. Aquello que parecía haber sucedido como un incidente de viaje, nos benefició de manera positiva.
El sol comienza su descenso y el mar azul cambia su color en la medida que este continúa su marcha. Las gaviotas revuelan en busca de turistas para que les regalen migajas de cualquier alimento. Los turistas ya listos unos de pie y otros sentados, esperan con sus aparatos fotográficos o teléfonos en su mayoría, la maravilla que este día, el universo les iva a otorgar a sus ojos. Vista de lejos cuando llegamos a la punta oeste de este impresionante lugar, esa multitud tenía la mirada puesta en el occidente, los meseros dejaban rápidos sus servicios sobre las mesas de los comenzales para no perturbar sus clientes, avanzabamos ansiosos porque queríamos pertenecer a ese grupo de curiosos, pues ya la los colores mostraban unos tonos fuertes. Algunos perros sentados parecían comprender que aquel acto en el cual sus amos estaban absortos, era necesario hacer parte, por lo cual ellos se encontraban sentados mirando en la misma dirección.
Los colores ladrillo, rosado, verde, azul y morado de los muros también ivan cambiando de tonalidad ante el movimiento del rey sol, como en una especie de venia o de acto de adoración. El ruido suave de voces que exprimian los curiosos se combinaba con el sonido de los cristales que eran recogidos por los meseros. Parecía todo aquello un carnaval, pero no de adoración, por ese Dios como era la costumbre de nuestros ancestros indígenas, sino mas bien por admiración a lo el otorgaba el firmamento en ese momento.
He apreciado muchos atardeceres, pero éste me ha dejado una acuarela de colores, desde el azul mar con el un azul firmamento, un amarillo del astro, pasando por un naranja, un color ladrillo, un rojo, un granate y luego un rosa y morado de sus nubes, para al final del espectáculo otorgar el negro nocturno.
El astro va ingresando en el mar como una gran hostia esparciendo rayos que acarician brillantemente un mar sereno, que se deja contaminar de su fuerza y color.
Un pueblo de encanto, podría decir de este lugar, no creo equivocarme, al calificarlo como el pueblo mas hermoso de esta península de Istria. Roving o Rovigno. Cómo seria de hermosa esa isla que existía antes de la llegada de Cristo, que luego fue anexado al continente tras rellenar el canal que lo separaba.
Sus techos en tejas armoniosamente inslataladas, se dejaban acariciar de un tibio sol ya sin fuerza para quemar. Las chimineas parecen desfilar encima de ellos y los arboles se confabulan para imprimir en el paisaje, ese color verde militar.
Los pisos de sus calles en el casco antiguo, parecen resbaladizos del brillo que emanan esas estelas de piedras instaladas de manera artistica, pero tienen un efecto de deslizacimiento entre 5 y 10 centimetros para luego frenar automaticamente la suela del calzado, ese brillo se conjuga con la belleza de la arquitectura a lo largo de ellas.
Los colores de los muros de las vivendas, regalan magicamente el cambio de colores constante a medida que los rayos del sol descansan sobre ellos.
Un recibimiento tan especial, nos ha dejado mudos por largo rato, como reaccionando ante el impacto de semejante descarga de belleza multicolor. Una arquitectura se confabula y crea una atmosfera que siempre he soñado del mar Mediterráneo, donde solo cabe el sabor a Italia en sus calles plenas de olor a pizza, como si a ese país perteneciera. Es llegar a sentir ese Mediterráneo, que en mi niñez escuchaba una y otra vez a través de la interpretación de Joan Manuel Serrat. Él bien lo decía:"que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul"..."a tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos"....."eres como una mujer pefumadita de brea"..."en la ladera de un monte, quiero tener buena vista"....
La caminada al hotel durante 15 minutos, la hice como la hizo la mujer de Lot, mirando continuamente atrás: al mar, que a pesar de la oscuridad de la noche emanaba una magia de colores particulares. El encanto permaneció hasta cerrar los ojos para dormir.

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