Zagreb 25.09.22

 

Zagreb

septiembre 25


En la mañana aprovechamos para dar una última visita al centro de la ciudad de Zagreb dado que era festivo y la calma era inmensa.


Hoy debíamos recuperar ewml vehículo el cual habíamos tomado por el lapso de una semana. Nuestra inquietud aumentaba en vista de que era el día domingo y nos parecía extraño que trabajaran un festivo. Un segundo aspecto era que no teníamos muy bien las coordenadas del punto exacto para llegar allí, aunque con el localizador nos daba que la hora de servicio final ese día sería: 12h00. Queríamos utilizar el transporte en común, en este caso el tranvía. 


Me deshubiqué por completo y me dejé llevar por los nervios dado que no hablaba el idioma, la ciudad muy sola y los nombres de las estaciones muy extraños. Me lancé y efectivamente nos perdimos y la hora de cerrar la agencia estaba que se terminaba. A las 11h15 nos bajamos en una estación que creí estaba cerca de la agencia. Al mirar mi GPS me indicaba que tomaría unos 25 minutos a pie para llegar. Comenzamos a caminar y por fortuna logramos la hazaña a las 11h45.


Tomamos la ruta hacia el próximo hospedaje que se encontraba cerca de los Lagos de Plitvice. Hermosos paisajes nos hicieron un largo pero de gran agrado el viaje; gallinas, ovejas, patos, pequeños pueblos entre carreteras nacionales nos proporcionaron el sabor de los campos de un diminuto pero inmenso país. 


Mi curiosidad me hizo detener en la entrada de un pequeño pueblo donde se apreciaba una hermosa panorámica y la estatua de un deportista posaba solitaria al borde la carretera. Un pueblo que los primeros tratados encontrados datan del año 1390, en el cual se le conoce inicialmente como una residencia para los señores feudales. 


El rio de aguas azules que pasa a su lado sirvió para la defensa de los ataques otomanos además de una muralla a su alrededor, a pesar de encontrarse en una fuerte inclinación al lado de una inmensa roca. Para principios de 1900 fue trasladada y reconstruida. 


En una leyenda a su lado se explica de que se trata dicho homenaje a la entrada de este pueblo, que se llama Slunj Rastoke: Milan Neralic, fue el primer atleta croata en participar en unos juegos olímpicos y en obtener una medalla olímpica. Fomentó el esgrima en su pequeño pueblo y en todo el país.


Desde lo alto el paisaje ya nos invitaba a los colores verdes y azules de las aguas que al día siguiente veríamos a la entrada de este pueblo que me presenta una característica única en mi caminar, ya que para visitarlo se debe pagar unos tres euros. El pueblo se encuentra rodeado por los rios Slunjcica y Korana, uno cae sobre el otro y las cascadas son incontables. Ellas son aprovechadas por diversos molinos de mas de 300 años, lo que nos ubica en un cuento de leyenda. Solo estamos a unos cinco kilómetros de los Lagos de Plitvice. 


La llegada a  Korenica, la localidad de nuestro alojamiento un poco complicada ya que se trataba de una casa en el plena campaña, donde abundan las gacelas y animales de nieve. 


La llegada en las horas oscuras del día, la niebla y un poco de frio nos obliga a permanecer guardados en la habitación para terminar el día por temor a encontrarnos un oso en el camino.





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